Por Mariano Pinedo
La reciente decisión del intendente Francisco Ratto respecto del reordenamiento de bonificaciones a los y las municipales, que causó bastante inquietud en estas últimas horas, es una demostración mas de la improvisación y el desprecio que se tiene por la función y el rol determinante de los trabajadores y trabajadoras en el cumplimiento de los objetivos y el desarrollo de políticas públicas de un estado municipal.
No es solo el hecho de que una herramienta prevista
normativamente para otros fines, sea utilizada arbitraria y persecutoria para
quitarle parte de sus ingresos a quienes militan en la fuerza opositora (lo
cual de por sí ya es un escándalo de enormes dimensiones). No es solo la mirada
partidista, parcial y persecutoria, que deja insensiblemente sin sustento
económico a familias enteras, en el marco de una complicadísima situación
social generada por la pandemia. Se trata, además, de una falta de rumbo
absoluta, expresada a partir de una política errática en todos los niveles de
la gestión: también en el manejo del recurso humano.
Cuando una gestión municipal se propone objetivos claros,
en el marco de una planificación seria -aún cuando fuera en el complicado
escenario de una pandemia que todos los días genera nuevas complicaciones-, se
dispone una organización determinada, dirigiendo todos los recursos hacia el
cumplimiento de dichos objetivos. En tal sentido, podría ser necesario
reordenar el funcionamiento de las áreas de gobierno, determinando algunas
prioridades y aprovechando el conocimiento y la experiencia que a lo largo de
los años fueron adquiriendo los trabajadores y trabajadoras en cada una de sus
competencias y saberes. Lo que no se puede es dar marchas y contramarchas que
hagan imprevisible ese rumbo y cuales son las condiciones de trabajo, pudiendo
ser hoy unas y mañana otras, sin que cada familia municipal sepa como organizar
su vida de manera razonablemente esperable.
Por eso es que algunos pensamos importantísimo compartir
e involucrar a los y las trabajadoras, en el debate de dichos objetivos y en la
orientación que se le de a las políticas que propone el espacio gobernante de
turno. No tan solo por el elemental hecho de que ellos y ellas tienen derecho a
defender las condiciones de trabajo y consensuar un marco paritario de
salarios, escalafón, recategorizaciones, etc., sino porque su conocimiento y
aporte puede ser de gran utilidad para la obtención de los objetivos
propuestos. Es preciso vencer ese prejuicio, por demás falso, de que cada
gestión que comienza, en un núcleo cerrado de tres o cuatro funcionarios, tiene
todo el conocimiento que se puede tener sobre lo que hay que hacer, cómo hacerlo,
en qué tiempos y con que herramientas administrativas. Por otro lado, el mismo
prejuicio dicta esa falsa idea de que todos los trabajadores serían una suerte
de obstáculo que están para poner trabas burocráticas e impedir que se realicen
geniales ideas. No. Las organizaciones funcionan con todas las partes. Hay que
animarse a escuchar ese aporte, esa idea, esa palabra de experiencia que
siempre se puede conducir, sin necesidad de desoír o despreciar. No solo de
quien trabaja y se gana su sueldo dentro de esa organización estatal, sino
también del vecino o vecina que debe tener un ámbito de participación, para
debatir, entender y en ultima instancia hacer suyo el objetivo propuesto y los
fines que se buscan desde un gobierno que cada vez debe buscar ser mas
democrático. No mas discrecional y arbitrario, con el argumento de que son
facultades legales previstas. Es necesario que nos atrevamos a revisar estas
cuestiones, que han demostrado solo servir para incrementar las divisiones, los
recelos, las angustias y, en ese marco sí, las trabas provenientes de la
natural resistencia en defensa del propio derecho, del propio protagonismo de
los trabajadores en su rol de servicio.
En tal sentido, instamos al intendente a que revea el
golpe al bolsillo realizado contra trabajadores municipales, que revea la
actitud de utilizar esa herramienta con tinte partidario, en perjuicio de
militantes opositores y, otra vez intentando re abrir un marco de diálogo,
sugerimos trabajar juntos en un sistema objetivo y transparente, con
participación de los trabajadores, que defina de qué manera y con qué criterios
se utilizarían los mecanismos de bonificaciones y, sobre todo, un sistema que
permita a los trabajadores conocer con previsibilidad su situación de ingresos,
con un escalafón claro, equilibrado, que establezca igual remuneración para
igual tarea -como debe ser- y sin que la mejora o empeoramiento de la situación
dependa del favor personal del jefe de turno.
Deberíamos estar pensando, todas las fuerzas políticas,
en como aportar al sostenimiento de los salarios y, con el mismo dinero
discrecional de las bonificaciones, trabajar en un esquema de categorizaciones
justo, acorde a funciones estables, acordes con las características que
busquemos en la organización del estado. No solo en beneficio de los
trabajadores municipales, de la salud y de la educación, que de verdad vienen
poniendo el hombro en esta difícil situación y merecen sin duda una
recomposición, mayor claridad en el esquema salarial y de derechos laborales
-además del agradecimiento de toda la comunidad por su servicio-. Sino también
pensar que eso redunda en beneficio de todo el pueblo, que encuentra mayor
dinámica en su economía local cuando los trabajadores pueden gastar en los
distintos rubros del comercio local y mejor servicio del estado en la
resolución de las tareas que le competen.
Hoy, nuestro espacio está dando muestras de una saludable
colaboración para que los gobiernos nacional y provincial dispongan de todas
las herramientas y desplieguen todos los mecanismos de financiamiento para
obras necesarias para el pueblo de San Antonio de Areco, sin importar el signo
político de quien gobierna en lo local. Del mismo modo podemos sentarnos a
trabajar en la resolución de esta cuestión que es de trascendencia para el
futuro funcionamiento del Estado y para encontrar formas de sostener en el
tiempo algunas políticas, sin que tengamos que dar marchas y contramarchas en
el cumplimiento de los objetivos que nos propongamos como comunidad. Con los
trabajadores y trabajadoras municipales incluidos, protagonistas y dignamente
retribuidos. Con los vecinas y vecinas también participando organizadamente en
la decisión de esos objetivos y políticas de Estado.

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