Tal
vez sea uno de los casamientos más esperados del año, el del gobernador de la provincia de Salta Juan Manuel Urtubey y la
actriz Isabel Macedo.
Para homenajear a la
provincia y siguiendo el estilo puna-chic, incorporará el detalle de la
platería de la mano del orfebre de la gobernación Horacio Bertero, con el
nombre de los novios grabado. La artista posee un vasto conocimiento sobre
las tradiciones de la vecina Jujuy, ya que su padre y sus tres hermanos
nacieron allí.
¿Quién es Horacio “Yayo”
Bertero?
La
vida del artesano y el mundo de los negocios, por lo general, suelen correr por
vías paralelas, ya que no se tocan. Aunque para cada regla existe siempre un
puñado de excepciones. La historia del
platero Horacio Bertero (40) bien puede ser considerada una de ellas.
Nacido en San Antonio
de Areco,
el hombre logró convertir su gusto por la orfebrería y las tradiciones
nacionales en un emprendimiento rentable y con gran potencial de desarrollo.
Orfebre de la plata, tras un viaje iniciador por el Perú que le obsequió las
técnicas para el vaciado de piezas en moldes de barro con mordientes de lana,
Bertero cruzó el umbral de los 20 años, en su adolescencia bonaerense,
trabajando como aprendiz en el taller de un platero de sus pagos.
Pero
pronto quiso más, cuando se descubrió en el espejo de la vocación empresarial.
Un estudio de mercado casero lo decidió a hacer las maletas. Buenos Aires,
Bariloche y Salta, a su entender, aparecían como las plazas más prometedoras
para desarrollar comercialmente su oficio. Y optó por la tercera. "A
mediados de los ochenta, Buenos Aires y Bariloche eran importantes por lo que
representaban para el turismo, pero elegí este lugar porque el salteño es el
pueblo que más consume platería. Su gente es una gran conocedora del ambiente
ecuestre", justifica.
No
se equivocó. Primero comenzó a vender algunas piezas en un pequeño taller,
después instaló un modesto local junto a la casilla que franqueaba el ingreso
en una playa de estacionamiento, pasó luego a un negocio en una galería y saltó,
por último, a la esquina más codiciada de la plaza 9 de Julio, la más
importante de su ciudad adoptiva. Y no es todo. Para resumir, ahora también
cuenta con puntos propios de venta en el shopping local, en el de Mendoza y
antes de fines de año desembarcará en Buenos Aires, con una boca en Palermo.
Durante
1998, Bertero facturó unos $ 300.000 y supone que todavía le queda bastante
trecho por recorrer, antes de encontrar su techo. El secreto, dice, se resume
en cuatro elementos: buena producción, buen precio, mucho marketing y venta
directa.
Mientras
que la mayoría de sus colegas -unos 260 en todo el país, según un censo de hace
dos años- le vende su producción a un intermediario para que la ubique en los
locales del ramo, Bertero se animó a montar su propia empresa.
Producción
Lo
suyo se divide en tres. En lo que respecta a orfebrería civil, como la llama,
destaca por sus juegos de cubiertos, bandejas, jarrones, tazas, bandejas y
portarretratos. Su línea artesanal de platería gauchesca contempla espuelas,
cuchillos, juego de riendas, taleros, rebenques y todo lo que tenga que ver con
la vestimenta de los hombres de tierra adentro. Por último, la orfebrería
religiosa lo convoca para realizar restauraciones por encargo, la mayoría de
las veces por pedido de los párrocos locales.
Su
arte no sólo encuentra buena recepción entre los consumidores particulares. El
Ejército ("tengo clientes en los regimientos de todo el país") y las
oficinas de ceremonial del gobierno nacional y de las provincias lo requieren
regularmente. A los militares los provee de cuchillos, medallas, llaveros. A
los funcionarios, de piezas autóctonas para obsequiar a sus anfitriones en sus
viajes al exterior.
Horacio
Bertero recuerda como a uno de sus mejores admiradores a Víctor Martínez,
vicepresidente de Alfonsín, que le compraba partidas de hasta 50 cuchillos para
seducir a sus anfitriones en geografías lejanas.
Pese
al éxito, el artesano sigue trabajando de sol a sol. En su taller sólo se
dedica a las piezas grandes, cuenta con un equipo de colaboradores que trabajan
desde pequeños talleres hogareños, y no renuncia a la tradición de fabricarse
sus propias herramientas: "No se fabrican industrialmente porque no hay
mercado para venderlas, así que no queda otra que hacerlas uno mismo",
explica.
Bertero tuvo la
oportunidad de exponer y vender sus obras en Atenas, Varsovia, México DF y
Turín,
y en todas esas plazas recibió propuestas para exportar. Pero esto es algo que
no lo convence demasiado. "El problema para vender afuera -razona- es el
volumen. Los norteamericanos y los europeos exigen grandes cantidades de
piezas, y eso me obligaría a fabricar en serie. Y ése no es mi negocio. Lo mío
es la producción artesanal."
Juan
Aznarez
Fuente:
La Nación junio 1999


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