Santa Rosa de Lima O.
P. (Lima, Perú, 20 de abril de 1586 - Lima, 24 de agosto de 1617) fue una
mística terciaria dominica canonizada por el papa Clemente X en 1671.
Entre
los santos nacidos en América (llamada en el siglo XVII Indias Occidentales),
santa Rosa de Lima fue la primera en recibir el reconocimiento canónico de la
Iglesia católica. Fue proclamada excelsa
patrona de Lima, del Perú (en 1669), del Nuevo Mundo y las Filipinas (en 1670).
Además, es patrona de institutos educativos, policiales y armados: Universidad
Católica Santa Rosa de Venezuela, Policía Nacional de la República del Perú, y
las Fuerzas Armadas de la Argentina.
Nacida en el siglo XVI
como Isabel Flores de Oliva, fue hija de Gaspar Flores, arcabucero natural de Baños
de Montemayor, municipio de la provincia de Cáceres (España) y de María de
Oliva y Herrera. Así lo asegura la placa en la casa de los Flores, la cual aún
se conserva en dicho pueblo cacereño. En 1545, Gaspar salió de España, después
de pasar por Puerto Rico y Panamá, que formaban parte del virreinato de Nueva
España. Llegó al Perú en 1547 como soldado del pacificador Pedro de la Gasca
quien restableció la Real Audiencia en 1549, recuperando el dominio de la
Corona tras la usurpación del poder por Gonzalo Pizarro, gobernante del Perú
entre 1544-1548. Gaspar Flores fue nombrado arcabucero el 9 de marzo de 1557,
por don Andrés Hurtado de Mendoza, tercer virrey del Perú entre 1556-1561. El 1
de mayo de 1577, se casó, en Lima, con la criolla limeña María de Oliva y
Herrera, apellidos procedentes de Aragón. Ese mismo año servía de arcabucero en
la guarda del V Virrey Francisco de Toledo (1569-1581).
Nació el 20 de abril
de 1586.
José Manuel Bermúdez, uno de sus biógrafos, contribuyó a extender la opinión de
que el nacimiento de Rosa ocurrió el día 30 de abril, pero en los registros del
proceso ordinario se encuentra que la madre de Rosa y otras personas —entre
ellas fray Pedro de Loaiza, confesor de Rosa y su primer biógrafo— declararon
como fecha de su nacimiento el día 20 de abril. Isabel o Rosa fue la cuarta
hija de los trece hijos nacidos del matrimonio Flores de Oliva, fue bautizada,
según partida, el 25 de mayo de 1586, en la Parroquia de San Sebastián, en Lima
por el sacerdote Antonio Polanco, siendo sus padrinos Hernando de Baldés y
María Osorio. De sus doce hermanos, solamente se conocen a nueve.
Ya
cerca del final de su vida, cayó gravemente enferma. Pasó los últimos tres
meses de su vida en la casa de Gonzalo de la Maza, un contador notable del
gobierno virreinal, cuya familia le tenía particular cariño. En este lugar se
levanta el Monasterio de Santa Rosa de Santa María de Lima. Murió a los treinta y un años de edad en
las primeras horas del 24 de agosto de 1617, fiesta de San Bartolomé, como
ella misma lo profetizó y cuenta el padre Leonardo Hansen. El día de sus
exequias y entierro, los devotos se abalanzaban sobre su cuerpo para arrancarle
la vestimenta en busca de un recuerdo, aclamándola como santa. Hoy sus restos
se veneran en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Lima (Santo Domingo),
con notable devoción del pueblo peruano (y de América) que visita la Capilla
dedicada a su culto en el Crucero del Templo dominicano.
Su entierro fue uno de
los más notables que vivió la ciudad de Lima. En la casa de la familia De la
Maza se formaron grandes multitudes para contemplar a Rosa. El gentío hubo de
esperar a su traslado hacia la Iglesia del Rosario. Al traslado acudieron el
virrey, el Cabildo Secular y Eclesiástico, las órdenes religiosas presididas
por la orden de Santo Domingo de Guzmán, los oidores y personas notables.
Hubo
de requerirse la fuerza de la guardia del virrey para impedir que Rosa fuera
desvestida por los devotos que deseaban llevar alguna reliquia. A pesar de
ello, tuvieron que cambiarle tres veces los hábitos e incluso en el traslado
algún irreverente seccionó uno de sus dedos del pie.
En
el lecho de muerte, Gonzalo de la Maza hizo retratar el rostro de Rosa. A su
efecto llamó al pintor italiano Angelino Medoro, quien realizó el primer
testimonio de su apariencia física.
La devoción del pueblo
se excedió a tal punto, que en pocos años tuvieron que retirarla de la Cripta y
colocarla en la Iglesia del Rosario.

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