Anoche
en Nivangio hubo función. Carlos Raul
Durañona le dio vida a un “Martín Fierro” que, sin abandonar el clásico,
nos habló hoy. Interpeló directamente, el Fierro de Durañona. Desde su
casa-carro multifunción, su autogestionada construcción desde la marginalidad,
nos habló acá y ahora. Fue y vino, desde el poema en verso con perfecto tono
gauchesco y cierto dejo de acento misionero –subjetividad de quien escribe que
también obtuvo, reconozcámoslo, información privilegiada- hasta un tono coloquial
con anécdotas personales que no dieron por tierra con la teatralidad, presente
durante toda la pieza. Una impecable composición de personaje y una puesta que
se hizo cargo del entorno y no buscó negarlo sino, por el contrario, ponerlo de
manifiesto. “La hacemos en todos lados, calle, estaciones de trenes…”, contó
Durañona sobre su “Martín Fierro” luego de la representación en esta casa tan
especial que hoy contiene al club cultural Nivangio. Nos conmovió a todos, tanto que la cosa se
repite.
Mariana
Rodrigo


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